¿Somos verdaderamente libres?
Nacemos atados a un sistema social, familia, actos
predeterminados de comportamiento, reglas y valores. Cualquier huida es una
carrera circular que termina en el mismo punto de salida.
- o Si te dan la mano, la estrechas.
- o Si te pones pantalón, que combine con la camisa.
- o Si te vuelven a ver, quitas la mirada.
- o Si comes, se quitan los codos de la mesa.
- o Si te regalan, les das gracias.
Alejarse del mundo tampoco es una opción, nadie puede
huir de sí mismo, al menos no por siempre.
Y si alguien escapa, por un segundo de este mundo
lleno de cordura y razón, de normas y represalias, y decide optar por la locura
momentánea de ser libre, tal vez entonces, pueda ser feliz, o tal vez una Prozac
le provea algo parecido.
Al final del día, la libertad se encuentra detrás de
la prisión que tanto tiempo y esfuerzo nos lleva construir. Allá, muy a lo
lejos, dentro de nosotros mismos.
Y solo ahí.
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