Por aquellos tiempos, en los últimos meses de un año lleno de sorpresas y primeras veces, existió un aprendiz de escritor cuya inspiración nació. De ojos brillantes y sonrisa instintiva, la recién nacida inspiración se posó en las manos jóvenes del escritor, tomó su energía y su lápiz y empezó a mover su alma hacia estas palabras:
"Este momento es un momento único, este segundo ha sido llamado para siempre como
la oportunidad de volar, de llegar a la cima, de dejarlo todo, de respirar con un motivo.
Este momento ha sido bautizado como la oportunidad de dejar al fin el grillete de los años, de la excusa y de la pereza. Es hora de ignorar lo que ha de venir y empezar a prestar atención a los detalles, de dejar de ver las borrosas metas y concentrarse en lo bello del camino.
Han pasado millones de años para que, por alguna razón este momento haya existido, para que estas palabras hayan sido escritas en un humilde cuaderno de notas que posiblemente no todos lean, pero existen, allí están, y hoy, querido lector, estas han llegado a su destino.
La inspiración, disfrutar el camino, un camino que va hacia alguna parte, con colores y matices en gris, con música y silencio, con todos y con nadie, con tiempo y con realidad. El caminante se detiene, pero el camino siempre está ahí conectado con el infinito. El caminante avanza, y la inspiración siempre está ahí, conectada con el alma y aparece para saludar de vez en cuando.
En este momento, único e irrepetible, hay un camino, y se puede elegir avanzar o mirar hacia el horizonte por siempre."
Después de colocar el punto final, el escritor se levanto de su silla y sintió como los recuerdos invadían sus ojos. Recordaba con cariño ese momento de inspiración que había nacido, crecido y abandonado su nido una vez. Observó sus arrugadas manos mientras cerraba la ventana de la sala, ya iba siendo hora de preparar una taza de té.
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