sábado, 8 de septiembre de 2012

La muerte



Estaba solo, sentado al frente de una parada de bus, sintiendo como la lluvia caía en su cara. Sabía que estaba a punto de morir, no sabía como, ni porque. No entendía porque de todos los momentos y personas que existen en este universo, tenía que ser él. Pero no le molestaba.

Miró su reloj, como si el tiempo en ese momento pudiera significar algo, como si la muerte no fuera puntual, y pensó en todo lo que le había tocado vivir.  Solo eso podía hacer. ¿Se puede no sentir nada?

Al final todo se reduce a eso: el tiempo, la vida, el amor, a un recuerdo, que moriría con él, dentro de muy poco.

¿Sería enterrado?
¿Sería cremado?
¿Sería extrañado?

Que trivial es la vida cuando ya no queda vida. Como todo parece tan dificil si era tan sencillo. Como las cosas más insignificantes pesan cuando se tienen que dejar.

Tomó un último respiro, y vió a la muerte en la cara, mientras una bala atravesaba su estómago, luego otra en su pierna, y otra en su pecho. Escuchó el sonido de una motocicleta alejarse, el auxilio de  unas sirenas a toda velocidad, y un grito, muy a lo lejos, cada vez más a lo lejos.

La lluvia aún caia en su cara. No tenía miedo, nunca más lo tendría. Y mientras se desvanecía, supo que todo estaba bien.


Volvía hacia donde todo comenzó, ya nada más importa.

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