domingo, 16 de septiembre de 2012

Lotería


El cero nueve, con la serie doscientos veinte y ... decía la pantalla. Faltaba solo un uno. Un simple uno y su vida sería diferente para siempre. Tendría en su mano dos mil millones de dólares.

Renunciaría a su trabajo en la mañana. Se compraría un carro unas horas después, una casa tal vez la siguiente semana. La cirugía plástica podría programarla para dentro un mes. Conseguiría muchos amigos, conocería muchos lugares.

Estaba a tan solo un número. 

Sería querido y amado, como en rey. Podría mentirse durante el resto de su vida. Tendría todo lo que siempre deseó, y aún más. No más deudas, ni cubículos, ni vidas agitadas, no más horas de almuerzo. Todas sus semanas serían sus fines de semana.

Un solo número de los diez posibles. 

Tendría una piscina y se tomaría un cocktail diario mientras se broncea. Compraría la compañía para la que trabaja y hecharía a su jefe. Todo sería mejor, mucho mejor que ahora. ¿Un yate? ¿Por qué no? ¿Una isla? ¿Por qué no?

Estaba tan cerca de dejar de soñar.

Ya había encontrado la manera de ser feliz. La había  saboreado en su boca, la tenía en su mano en ese momento. Su corazón palpitaba sin parar. No más problemas triviales, no más preocupaciones. 

Veinte y ocho. El cero nueve, con la serie doscientos veinte y ocho. Muchas felicidades a los ganadores, decía la pantalla nuevamente. No lloró. Nada cambió. Vió con tristeza su tiquete, y lo guardó en su billetera. Podía canjearlo por los pases de la semana y otro tiquete de igual valor.

Así al menos, podía volver a dejar a la suerte su felicidad la próxima semana.

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